Número 30 |
Año 6011 (v.·. l.·.) |
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Revista Digital del Supremo Consejo del Grado 33 y último del R\E\A\A\ para España
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V.·.I.·.T.·.R.·.I.·.O.·.L.·. Gregorio Lopez Babi, 14 º |
Todas las escuelas de misterios antiguas iniciaban a sus seguidores mediante una prueba que les exigía entrar en el interior de una caverna, o en un espacio excavado en el interior de la tierra, a modo de sepultura. Esta prueba simbolizaba la muerte del profano y su nacimiento a un nuevo estado de conciencia. Dentro de la Masonería , como escuela iniciática que es, el R.·.E.·.A.·. y A.·. no podía sino recoger y mantener viva esa tradición, pero no por una mera cuestión de nostalgia de los antiguos ritos, o de costumbre, o de estética, sino por su importante simbolismo. Al aspirante a la iniciación se le introduce en lo que llamamos la Cam.·. de Reflex.·., que cumple las mismas funciones que la antigua caverna o sepultura. Dentro de la misma, el aspirante se encuentra con diferentes inscripciones. De todas ellas, la más importante es el acróstico V.·.I.·.T.·.R.·.I.·.O.·.L.·. , que encierra la frase latina “ Visita Interiora Terrae rectificandoque Invenies Occultum Lapidem” , cuyo significado todos conocemos. Esta expresión, por sí sola, sintetiza el simbolismo de la Cámara , pues hace referencia a la necesidad de morir para renacer a una nueva vida. El vitriolo era considerado la sustancia química más importante, y se intentó utilizar para obtener la piedra filosofal, que permitiría la trasmutación del plomo en oro. Altamente purificado, el vitriolo se utilizaba como medio para hacer reaccionar sustancias en él.
Esta estrella de siete puntas con la inscripción V.·.I.·.T.·.R.·.I.·.O.·.L.·. presenta una coincidencia más que curiosa relacionada con la Orden del Temple. Un viejo mapa de los Caballeros Templarios muestra la posición de las siete principales comandancias, las cuales están ordenadas en forma de estrella. También en este caso los rayos de la estrella están en el mismo orden que los planetas. Pero hay una diferencia: están ordenados de forma invertida. Junto al centro de la estrella destaca el nombre de la ciudad de Bourges. Curiosamente el famoso alquimista Fulcanelli, describió Bourges como la “piedra angular de la Gran Obra de los alquimistas de Europa”, sin dar, sin embargo, ulterior explicación. Solamente en 1998 se resolvió este acertijo, al menos parcialmente. El geomántico Peter Dawkins descubrió una extensa línea de energía, una llamada ‘leyline', que pasa a través de Francia comenzando desde Saintes Maries de-la- Mer (el lugar de peregrinación más importante de los gitanos sinti y roma), hasta Bourges y Chartres, e incluso a través de Inglaterra. Ya que muchos lugares de la leyenda del Grial están situados en esta línea, Dawkins la llamó “línea del Grial”. Esta línea del Grial pasa exactamente a través del centro de la estrella de siete puntas de los Caballeros Templarios. En el norte de Francia divide con precisión el rayo del Sol, y en el sur corre entre los rayos de Saturno y la Luna , hasta el Mediterráneo. Hay que mencionar que esta línea del Grial no está representada en el viejo mapa de los Caballeros Templarios. ¿Puede ser esta coincidencia pura casualidad? Difícilmente. Sol, Luna y Saturno, los tres rayos planetarios situados en la línea del Grial, representan la trinidad de cuerpo, espíritu y alma. En alquimia corresponden a Sal, Sulphur y Mercurius. Y si miramos a la estrella de siete puntas Vitriol, la ubicación deliberada de la misma es incluso más evidente. Los tres rayos del Sol, la Luna y Saturno en la contracción V.·.I.·.T.·.R.·.I.·.O.·.L.·., corresponden al comienzo, mitad, y final de la palabra, es decir: a las letras VRL. VRL o VRIL es el nombre de la fuerza elemental de la creación, omnipresente y vigorizante. Las letras restantes IT e IO forman la palabra latina ITIO, [in-itio = inicio = poner en el camino; de ‘iter' = camino o itinerario], significando el viaje o camino, o más bien el flujo del poder universal de la creación a través de los siete planetas en la forma de siete “luces” divinas, y, finalmente, el curso de la energía de la vida a través del cuerpo, espíritu, alma, y de los siete chakras.
Resulta, por tanto, sorprendente la relación entre el acróstico V.·.I.·.T.·.R.·.I.·.O.·.L.·. la estrella de siete puntas, la distribución de las Encomiendas del Temple y la música emitida por los astros. Pero pasemos a estudiar los profundos significados filosóficos e iniciáticos contenidos en esta expresión. La primera parte es “Visita el interior de la Tierra ”. En ella encontramos un simbolismo astrológico, pues hace referencia al Sol que cada día se oculta en el horizonte, como si penetrara en el interior de la Tierra , desapareciendo así a nuestros ojos. Sin embargo, el significado más profundo que podemos hallar es la indicación de lo que debemos hacer para seguir el camino de perfección: visitar el interior de la Tierra es entrar en nosotros mismos para descubrir la realidad que se oculta bajo la apariencia ilusoria de las cosas, pues no olvidemos que la Luz se encuentra en el interior de cada hombre. Esta visita es comparable a la muerte física. Cuando el espíritu y el cuerpo se separan, éste permanece en el ataúd, símbolo del «interior de la tierra», donde se pudre la materia hasta su desaparición o transformación total. Mientras, el espíritu, liberado de las ataduras mortales, puede viajar por las regiones etéreas en busca de su origen divino. Pero en la Cam.·. de Reflexiones la muerte es filosófica, simbólica, por lo que el espíritu no llega a abandonar realmente el cuerpo físico, y por ello hablamos no de una vuelta a la vida, sino de una regeneración, un nuevo nacimiento simbólico del iniciado, ya plenamente purificado. Se trata por tanto de entrar en lo más profundo de nosotros para descubrir nuestro yo, es decir, de poner en práctica la famosa frase grabada en el frontispicio del Templo de Delfos: “Conócete a ti mismo”. Naturalmente, ese viaje a lo más profundo de nuestro ser debe hacerse en el silencio y la oscuridad. En un lugar al que no lleguen los ruidos exteriores; entendiendo por tales, no sólo los ruidos físicos, sino también, y sobre todo, las influencias negativas del mundo profano. Y hallamos así uno de los deberes del aprendiz masón en particular, pero, realmente, de todos los masones en general, cualquiera que sea su grado, el silencio. Es necesario abstraerse de los ruidos externos, pero también de los internos, es decir, de todos aquellos pensamientos, ideas, pasiones, sentimientos, etc.., que alteren nuestro equilibrio y nuestra paz; de esa manera podremos concentrarnos en nuestro interior, sin distraernos por lo que ocurre en el exterior. En ese estado de meditación, de visión interna, podremos llegar a nuestra propia esencia, y a la esencia de las cosas, que es la finalidad que debe presidir nuestros trabajos. En lo más profundo de nuestro ser encontraremos la piedra bruta. La segunda parte de la expresión hace referencia a la rectificación que debemos realizar; esto es, al hecho de corregir todo lo negativo que encontremos, a eliminar los defectos, las pasiones, los vicios, lo superfluo y lo irreal. En definitiva, se trata de purificarnos para transformar lo malo en lo bueno. El hermetismo enseña que uno de los principios de la Verdad es el de la polaridad: Todo es doble, todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son medias verdades; todas las paradojas pueden reconciliarse. Por ello, para destruir un grado de vibración no deseable, debemos utilizar el principio de polaridad y concentrar nuestra atención en el polo opuesto al que deseamos suprimir. Lo no deseable se mata cambiando su polaridad. La mente, así como los metales y los elementos, puede transmutarse de grado en grado, de condición en condición, de polo a polo, de vibración en vibración. Sólo de esa manera, podremos rectificar las aristas indeseables de nuestra piedra bruta hasta darle la forma deseada, la de la piedra cúbica. Vemos pues, como nuestra Orden enlaza ambos símbolos, el de la Cámara de Reflexiones y el de tallar nuestra piedra bruta.
La tercera parte de la expresión es la promesa de encontrar la piedra oculta. Si penetramos en nuestro interior y allí rectificamos nuestra piedra bruta, encontraremos lo que hay oculto en su interior. ¿Qué es lo que se esconde en lo más profundo de nosotros mismos? Nuestra esencia, nuestro verdadero yo, la auténtica realidad de las cosas, es decir, la Luz. La Luz masónica es el Conocimiento, que nos saca de Occidente, del mundo de la ilusión y la apariencia, y nos lleva a Oriente, el reino de la Verdad. La Luz es, por tanto, la Gnosis , la Sabiduría. Pero esa única y auténtica Verdad sólo puede encontrarse en la Divinidad , en el G.·.A.·.D.·.U.·. Y eso es precisamente lo que encontraremos dentro de nosotros mismos, la esencia de Dios. Y descubriremos que el Gran Geómetra está dentro de nosotros y que nosotros somos dioses. La Luz masónica nos llevará a descubrir la letra G dentro de la Estrella Flamígera. Si la estrella de siete puntas está relacionada con el acróstico V.·.I.·.T.·.R.·.I.·.O.·.L.·., que nos lleva a penetrar en nuestro interior buscando lo más profundo y sagrado de nosotros mismos, nuestra conciencia, el arcano número VII del Tarot también está relacionado con la conciencia. Simboliza el ser humano y su conciencia individual. En esta carta aparece un hombre en un carro tirado por dos caballos o esfinges; estos caballos simbolizan los hábitos y tendencias instintivas que hay que dominar; para otros, simbolizan el consciente y el inconsciente que tiran de nosotros en direcciones opuestas, y que debemos controlar mediante la voluntad; pero para lograr ese dominio, lo primero que debemos hacer es llegar a nuestra conciencia, si no, nuestra mente vagará libremente a merced de nuestros miedos y nuestras pasiones, a merced del caballo desbocado de nuestra imaginación y de nuestros caprichos, deseos y sentimientos. Ese dominio se logra controlando la mente en el silencio y la oscuridad de la Cam.·. de Reflex.·., de allí saldremos regenerados, purificados. |
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