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Número 26 |
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Año 6010 (v.·. l.·.) |
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Revista Digital del Supremo Consejo del Grado 33 y último del R\E\A\A\ para España
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El misticismo en la francmasonería José Carrasco y Ferrando , 28º |
La palabra misticismo es usada o mal interpretada hoy día por el mundo profano, porque suelen asociarla a lo misterioso, o sea a los sobrenatural o inexplicable. Y el misterio es comúnmente relacionado con la magia o con la artimaña. Sin embargo, nada tienen que ver éstas cosas con el misticismo. También algunos Hermanos de nuestra Institución Filosófica sonríen con menosprecio cuando usamos el vocablo misticismo con respecto a la esencia simbólica, y a los trabajos que envuelven la práctica ritualística y estudio filosófico de la Masonería. Ignoran que ésta en su integridad, está emanada de la antigua cábala como una rama de la Gran Sabiduría Universal, que perdura en todas las épocas fomentando la conciencia, el progreso y la fraternidad de la Humanidad. En pocas palabras ¿qué es el misticismo? El misticismo se ocupa de la búsqueda de la verdad o de los valores eternos. Podríamos decir que es un medio por el cual la persona adquiere una consciencia interna de la causa primaria de todo. Pudiendo llamar a ese principio “Gran Arquitecto del Universo”, “Mente Divina Universal”, “Dios”, etc. El Misticismo de la Orden , no puede reconocer ni color ni credo; y en este elemento se basa su seguridad a través de la cual, progresivamente, nuestra Hermandad Filosófica Universal podrá lograr tomar conciencia de su Ser. El Misticismo no sólo nos enseña ésto, sino también que es una esencia universal que llena toda la naturaleza y que se manifiesta de muchas maneras, tales como la cohesión y la adhesión.
Nuestra Orden se interesa en los valores eternos y en las causas Cósmicas de las cosas, sin ser una organización religiosa. La mayoría de las escuelas filosóficas, y las religiones generalmente, derivan su cuerpo de conocimiento por medio del proceso místico. Es decir, su conocimiento fue obtenido a través de la armonización directa del hombre con la Mente Universal. Sin embargo, las religiones no buscan perpetuar el proceso místico entre su feligresía, porque esta andadura era únicamente válida para sus fundadores, y sus seguidores debían aceptar la experiencia por medio de intermediarios en base únicamente de la fe. Estamos llegando al final del camino de las ideologías, de las teologías y de los métodos de creencias. Si descuidamos o negamos los aspectos espirituales de nuestro ser, no vivimos la vida con entera plenitud, produciéndonos un cierto vacío y malestar. No basta la satisfacción de las necesidades emocionales, materiales e intelectuales para mantenernos de un modo completo y equilibrado. Por eso, hay mucha hambre espiritual en este mundo y cada vez son más las personas que buscan senderos espirituales, bien a través de las religiones tradicionales, de otras creencias foráneas, del filosofismo budista o, de incluso, de instituciones iniciativas y filosóficas como la Masonería.
El tema de la discusión del espíritu, a nivel científico, fue lo que separó a los psiquíatras Freud y Jung. Éste último, desde un ángulo holístico, decía que el malestar de las personas mayores estaba originado, principalmente, por “crisis espirituales no resueltas.” Y concebía a cada ser humano como “ un peregrino en la búsqueda espiritual individualizada.” Es decir, consideraba la vida como un viaje lleno de sorpresas gratas, desafíos y experiencias que, una vez nos daban alegrías y otra, pesares. Es más decía que “El hombre moderno no comprende hasta qué punto su racionalismo (…) le ha dejado a merced del infierno psíquico. Se ha liberado a sí mismo de la superstición (o eso piensa), pero con ello ha perdido sus valores espirituales hasta un extremo muy peligroso. Su tradición moral y espiritual se ha desintegrado, y ahora está pagando el precio de este fracaso con la desorientación y la disociación en todo el mundo occidental.” Sin embargo su maestro, Freud, desde un punto de vista materialista, negaba la existencia del espíritu en el ser humano y creía que la desazón de la vida era “ una manifestación de un trastorno psíquico.” Y la solución a ese malestar se remediaba con el psicoanálisis y los medicamentos. Freud definió a la neurosis como el hecho de alejarse del Yo, es decir, del Ser. Nuestro cuerpo como vehículo tangible no nos puede transportar a esa otra realidad intangible más profunda que siendo invisible la podemos apreciar en nuestro interior como el Ser que nos anima más allá de la forma externa. Los logros tecnológicos que ha alcanzado la humanidad en todos los campos son sorprendentes, pero en cambio, es evidente que existe una disfunción colectiva, una neurosis instalada en el interior profundo del ser humano, que impulsada por el egoísmo, la codicia, la violencia y el ansia de poder, sobre todo, nos arrastran con gran fuerza hacia la destrucción.
La vida espiritual dirige la música del alma para que la podamos oír. Si permanecemos orincados únicamente en el hedonismo, en el intelecto, en las emociones o en dogmatismos, hace que el alma se torne estridente y desafinada. Un Venerable Maestro chino enseñaba a sus discípulos que para practicar cualquier destreza, hay que entenderlo en tres planos: el físico o técnico, el mental o ideacional, y, el espiritual o integral. Si tomamos por ejemplo el arte de la poesía, la pintura, o de la música, primero tenemos que aprender sus técnicas, y una vez asimiladas esas habilidades artísticas el intérprete debe absorber y plasmar el espíritu del lenguaje, de la pintura o de la música para poder reflejar ese espíritu a los demás. Por lo tanto, el sendero del progreso espiritual es muy similar al perfeccionamiento literario, musical, pictórico, o deportivo. Por el contrario, significativos personajes científicos, filósofos, etc. se basan en opiniones puramente materialistas negando el aspecto espiritual de la persona, y sostienen, en sus puntos de vista, que solamente el conocimiento es un estado electroquímico de nuestro cerebro y nada más. Pero su razonamiento no lo pueden explicar y se queda en una pura declaración. Por ejemplo, ¿cómo surge la conciencia cósmica? Uno de los más intrigantes de los llamados misterios de la vida se expresa en la pregunta: ¿Por qué estamos aquí? Hay momentos en que las cosas desconcertantes, inseguras e irritantes de la vida mundana adquieren tanto dominio en nuestros intereses y actividades que perdemos el ánimo y la esperanza en nuestros esfuerzos por alcanzar un grado mayor de felicidad y provecho que consideramos es nuestra justa recompensa del Universo. Es precisamente, cuando nos inclinamos a preguntarnos por qué estamos aquí, qué razón lo justifica. Necesitamos saber qué propósito hay para cada uno de nosotros en esta vida, que justifique nuestras luchas actuales, con sus, alegrías privaciones, desilusiones, sufrimientos, etc. La filosofía, la ciencia, religión, la teología, la metafísica y el misticismo tienen explicaciones variadas para esta pregunta. Los teólogos afirman que estamos aquí porque esa es la voluntad de Dios. El punto de vista estrictamente materialista nos dice que estamos aquí por pura casualidad o por acciones y reacciones químicas. Los Místicos propugnan que estamos aquí porque tenemos una parte que desempeñar en el plan cósmico universal de las cosas, y que evolucionaremos a medida que cumplamos con nuestro objetivo. Mantienen que tenemos una misión en la vida, y que podemos descubrirla, comprenderla y sentirnos en libertad de aceptarla o rechazarla. El misticismo se ocupa de explicar la razón de por qué el hombre tiene una existencia física, y lo que debe hacer para que esta experiencia de vida valga la pena. Por lo tanto, el misticismo es el resultado de un estudio filosófico práctico, que no tiene nada que ver con lo prodigioso. En el campo de la filosofía y la espiritualidad mística, el teósofo Rudolf Steiner, fundador de la antroposofía, nos dice que, “En todo ser humano duermen facultades por medio de las cuales uno puede adquirir por sí mismo un conocimiento de mundos superiores. Los místicos, los agnósticos y los teósofos, todos hablan de un mundo de alma y espíritu para ellos tan real como el mundo físico que vemos con los ojos y tocamos con las manos.” Concluyo con unas palabras de Albert Einstein, quien dijo: “ La mejor emoción de la que somos capaces es la emoción mística. En ella está el germen de todo arte y de toda verdadera ciencia (…) el núcleo del verdadero sentimiento místico. En este sentido, y únicamente en este sentido, me incluyo entre los hombres profundamente religiosos.” Confío que la vida nos proporcione la experiencia que sea más útil para la evolución de nuestra conciencia. |
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