Número 20

Año 6008 (v.·. l.·.)

 
 
Revista Digital del Supremo Consejo del Grado 33 y último del R\E\A\A\ para España

La consciencia

Pedro Antonio Sánchez , 9 º


La Consciencia o Conciencia, podría definirse en términos generales como el conocimiento que un ser posee de sí mismo y de su entorno. En términos filosóficos, sería la facultad de decidir y hacerse sujeto, es decir, dueño de sus actos y responsable de las consecuencias que de ellos derivan, según la percepción ética o moral de que disponga.

Dependiendo del campo del saber humano, su aplicación práctica e incluso de la tecnología disponible, el estudio de la Consciencia se viene abordando desde enfoques diferentes aunque interrelacionados en mayor o menor grado. Esta interrelación es intrínseca al tema tratado, pero además, como se expondrá más adelante, es totalmente necesaria su superposición y complementariedad.

Así, nos encontramos su estudio desde los campos de la Psicología, la Filosofía, la Sociología, la Antropología, la Teología y otras ramas de la Ciencia moderna como la Neurociencia y la Neurobiología .

Ya desde Aristóteles, y posiblemente antes, el ser humano ha buscado características que los diferenciaran de los animales. ¿Es la Consciencia un atributo estrictamente humano? Autores como Carruthers opinan que los animales no tienen experiencias conscientes, pero su criterio radical quizá se deba a una visión antropocéntrica de lo que es la Conciencia. Lo que se ha podido demostrar es que al menos los mamíferos superiores (Como por ejemplo, los primates) también poseen Consciencia, ya que además son capaces de reconocerse a sí mismos, percatarse de su propia existencia.

No obstante, y aunque el estudio en animales sobre esta cuestión es ciertamente muy difícil debido a la complejidad en el diseño de experimentos que sirvan para ello, actualmente podemos afirmar que el ser humano es el único ser vivo conocido que posee la capacidad de reflexionar sobre los contenidos de su propia conciencia, lo que se denomina la AUTOCONSCIENCIA. Es por ello que quizá deberíamos hablar más de diferentes niveles o grados de consciencia, en vez de hacerlo como un concepto general y restrictivo.

Se estima que hace 200 millones de años, hizo su aparición la corteza cerebral primitiva y con ello se hizo posible cierto grado de consciencia que le confirió a los mamíferos una ventaja evolutiva sobre los reptiles, carentes de neocorteza. El proceso culmina en el Homo Sapiens con los niveles más elevados de Consciencia (La Autoconsciencia).

Cuando se compara el cerebro de un chimpancé con el de un ser humano, llama la atención que en el nuestro se haya desarrollado de forma considerable el lóbulo frontal o, dicho técnicamente, la corteza prefrontal ¿Podría la Consciencia escapar al proceso evolutivo? Por lo que ya se ha comentado, no parece que así sea, porque la Consciencia ha demostrado al menos una capacidad adaptativa que no es exclusiva del ser humano.

Para la mayoría de la comunidad científica, la Consciencia tiene su asiento en el cerebro y es abordable en términos de la actividad global de grandes conjuntos de neuronas interactuantes. Es decir, que la Consciencia es una propiedad emergente del cerebro en su totalidad. Ayuda a corroborarlo el gran número de experimentos y trabajos realizados como el del neurobiólogo Rodolfo Llinás, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York, que ha medido los potenciales eléctricos en el cerebro y ha descubierto que en determinadas neuronas del tálamo se generan oscilaciones eléctricas de 12.5 mseg. perfectamente sincronizadas en el tiempo que las conectan con la totalidad de la corteza cerebral, proponiendo que las oscilaciones tálamo-corticales constituyen la base funcional del fenómeno mediante el cuál el individuo es capaz de tener una experiencia consciente unificada de sus percepciones del mundo exterior, aunque el cerebro las codifique en sitios y tiempos distintos. Es decir, que son señales eléctricas las que dan lugar a la Consciencia. Sus estudios muestran, además, que en algunos síntomas de trastornos psíquicos y neurológicos hay una pérdida de la sincronía de este sistema.

La Neurobiología, aparte de los trastornos como los disociativos, la epilepsia, la esquizofrenia, etc., que provocan alteraciones de la Consciencia, opina que los estados que se generan en la meditación trascendental, en el éxtasis, el trance y en las experiencias de revelación, entre otras, pueden estar basados en mecanismos neurofisiológicos comunes que son modelados en su expresión por los contextos situacionales y culturales en que se dan.

Así, el psicólogo Michael Persinger estimuló electromagnéticamente el lóbulo temporal derecho de mil personas, dando como resultado que diferentes personas dijeran sentir la presencia de Jesús o la Virgen, otras de Elías, Mahoma, el Espíritu del Cielo, etc, según su transfondo cultural. ¡Incluso había ateos y agnósticos que hablaban de abducción de alienígenas!

En el estado de meditación profunda, se desactivan regiones del cerebro reguladoras de la construcción de la propia identidad, lo que permite que la persona pierda, durante su práctica, el sentido del propio Yo individual, que establece la frontera entre él mismo y todo lo demás, sintiéndose así integrado en una totalidad única y trascendente. En este caso, se produce una actividad inusual de la región prefrontal dorso-lateral y un decaimiento de la actividad del área de orientación del lóbulo parietal, que procesa la información sobre el espacio y la ubicación del cuerpo en el mismo : Determina dónde acaba el propio cuerpo y comienza el espacio exterior.

Por tanto, desde el punto de vista de la Neurociencia, parece que el tema está claro : La Consciencia y sus diferentes estados son fruto únicamente de la actividad cerebral. Pero, ¿realmente es así?¿Son estas pruebas concluyentes y ratifican su posición? En mi opinión, estas pruebas son condición necesaria…,¡pero no suficiente!

Llegado a este punto, es necesario constatar que existen otros experimentos (Como el de los dos puntos coloreados que son sucesivamente iluminados) que prueban que también existe disociación en el tiempo entre la percepción consciente y el estímulo neuronal. Se ha identificado un denominado “potencial de preparación” en la corteza cerebral que precede en 500 mseg. a la voluntad de iniciar un movimiento. Estas anomalías temporales indujeron a Eccles a pensar que son pruebas de que “una mente inmaterial interactúa con el cerebro de forma físicamente inexplicable ya que no corresponde a la secuencia temporal de causa y efecto”.

¿Y si de manera análoga a la luz, que posee una naturaleza dual (Onda-partícula), la Consciencia fuese el resultado de la interacción de dos o más componentes? Descartes ya propuso que la mente, y por lo tanto, la Consciencia, es una entidad de naturaleza inmaterial que se reúne con una sustancia material (El cerebro) e indicó como centro de reunión la glándula pineal. Existen tradiciones iniciáticas que afirman que el pensamiento y, por extensión al menos una parte de la Consciencia, es el resultado de la interacción que se produce en el cerebro entre la Energía Universal (que sería el océano vibratorio que nos rodea y del cuál también formamos parte) y el Alma, cumpliéndose el concepto hermético de la Ley del Ternario.

Pero existen más dudas en cuanto al funcionamiento de la Consciencia. El filósofo estadounidense Chalmers escribió sobre la dificultad de explicar cómo es que los datos que recogen los sentidos, se vuelven parte de la Consciencia. O dicho de otra manera, ¿cómo la información física, el conocimiento que nos llega del exterior, se convierte en experiencia subjetiva? Esta es otra cuestión no resuelta.

Estos hechos nos indican que no podemos descartar otras teorías distintas a las que apuntan los neurocientíficos.

Como ya se ha comentado, hay diferentes niveles de consciencia y diferentes estados de consciencia. Estos se pueden hacer patentes por las diferentes zonas del cerebro que se activan o se desactivan, así como por la frecuencia de las ondas cerebrales que se emiten. Estas frecuencias se han ordenado en cuatro grupos, de mayor a menor ciclaje : Las BETA, ALPHA, THETA y DELTA.

Las BETA (Superior a 14 ciclos/s) se corresponden al estado de vigilia, cuando nuestra atención está concentrada en el mundo exterior. Los cinco sentidos físicos están asociados con el funcionamiento del cerebro a frecuencia BETA.

Sin embargo, el rendimiento máximo de nuestro cerebro se produce cuando éste funciona a frecuencias ALPHA (De 17 a 7 ciclos/s), demostrándose que esta frecuencia está asociada con la tranquilidad, el descanso, la inspiración, la creatividad, el aprendizaje, la memoria y la percepción subjetiva, entre otras capacidades.

La frecuencia THETA (De 7 a 4 ciclos/s) está relacionada con niveles más profundos, donde además poseemos los mecanismos necesarios para bloquear el dolor.

La frecuencia DELTA (De 4 a 0.5 ciclos/s) es la típica del sueño profundo y de la inconsciencia.

Entre la variedad de estados de consciencia podemos encontrar la meditación trascendental. Ésta conduce, por modificaciones en la actividad cerebral, a un cambio profundo de la relación entre el Yo y nuestros objetos perceptuales. En las experiencias místicas se da una reducción relativa de las emociones, deseos y pensamientos hasta que todas las facultades de la persona están suspendidas : No ve, no oye, no entiende. Uno se olvida de su “propio cuerpo” y “de todas las cosas”. Uno es nada, la Consciencia misma. En las experiencias budistas tradicionales también se pretende alcanzar una forma de consciencia sin contenido ni atributos.

Bien, todas estas experiencias y otras como el trance autoinducido o el producido por la estimulación sensorial característica de los rituales en varias culturas, el éxtasis, etc., tienen lugar a frecuencias de las ondas cerebrales en las que predominan las de tipo ALPHA y THETA comentadas anteriormente.

Por tanto, podría afirmarse también que el cerebro alberga la capacidad de conectar con una realidad que trasciende la de los objetos, tanto físicos como mentales, percibida habitualmente, lo que constituye un fenómeno común descrito en la base de las tradiciones iniciáticas y religiosas.

Haciendo una analogía, es como si el cerebro actuara como un aparato de radio que recepciona y emite a la vez. Como se ha comentado antes, vivimos en un océano vibratorio, todo es energía, y nosotros vibramos en él. Modulando adecuadamente, sintonizaríamos una frecuencia concreta que nos permitiría acceder a un nivel o estado de consciencia determinado, en el cuál permaneceríamos si fuéramos capaces de mantener dicha frecuencia, y en donde la percepción de la realidad se nos podría mostrar de una forma diferente, quizá por haber eliminado filtros que la restrinjían o condicionaban.

También cabe la posibilidad de que el denominado “mundo espiritual” esté formado por un tipo de energía independiente del mundo material, que poseería unas funciones y atributos que no se encuentran en la materia inanimada. Así, tendríamos una forma de consciencia que sería capaz de percibir lo que no pueden captar los sentidos físicos. En todo caso, el ser humano habría de modificar su estado vibratorio para armonizarse o alcanzar estados vibratorios superiores o adecuados para contactar, comprender y asimilar estados de consciencia más evolucionados.

Así, ¿es la Consciencia creada por el cerebro o es que la Consciencia utiliza como soporte un cuerpo físico, la materia, para manifestarse? ¿Podría existir la Consciencia sin un cuerpo físico? Encontrar la respuesta a éstas y otras preguntas sobre este tema requiere, sin duda, tomar en consideración todos los ámbitos y disciplinas relacionadas. La Neurociencia por sí misma puede explicar la Consciencia y los diferentes estados que hemos visto, sólo hasta cierto punto. Con una perspectiva multidisciplinar se obtiene un posicionamiento amplio respecto a este tipo de temas que nos ayuda a no caer en posiciones pobres, enfrentadas o de carácter reductor.

Siguiendo la línea de pensamiento de Hegel, Dios, el Absoluto, la Idea (Que para él son la misma cosa), para afirmarse, para reconocerse, se hace finito, se determina. Es decir, crea el mundo, la materia. Así, lo infinito crea lo finito. De esta manera, pone frente a sí a otro; él y el mundo son dos. Pero en realidad este ser-otro no es más que una manifestación, la verdad es que él mismo se encuentra allí; forma parte de él ya que fuera de él simplemente no hay. No puede, para ser Dios, prescindir de lo finito. Para Hegel, “sin el mundo, Dios no es Dios”.

Fichte opina que Dios es el Ser Absoluto, vida infinita, que se expresa y se manifiesta al exterior, y lo hace a través de la conciencia que es la existencia de Dios. Su expresión y manifestación es a través de sí, y con necesidad absoluta de hacerlo. Para ello, el Absoluto (Luz divina, luz interior y espiritual) se dispersa, se refleja, desde él mismo (Yo-libre, que es uno) en un sistema culminable de Yoes o de individuos, recibiendo cada uno sin excepción su parte exclusivamente propia, parte que ahora se desarrolla en él por toda la eternidad y ésto lo llama el carácter individual de su determinación superior. No es una fragmentación, sino que la esencia divina está puesta en todos sin excepción, sólo que esta esencia aparece en cada uno en una figura diversa y propia sólo de él. Para Fichte, el Ser Absoluto es vida absoluta y eterna, y fuera de él no hay verdadero ser, sino manifestación externa, y ésta sólo puede darse y verificarse en la consciencia humana. Se da en la inmanencia de nuestra consciencia. Así, el Absoluto, en la consciencia humana, se hace consciencia de sí mismo. Recordando las palabras del maestro Eckhart, “el ojo con el que Dios me ve, es el ojo con el que yo lo veo; mi ojo y su ojo son una misma cosa”.

Aparte de los procesos neuroquímicos, nuestra consciencia está condicionada por la sociedad en la que vivimos, por nuestra educación, nuestras experiencias, nuestros sentimientos y nuestros pensamientos. De hecho, Freud postuló que el inconsciente, aquella parte de la actividad psíquica que permanece oculta a la luz de la consciencia, es la fuente de nuestros deseos, fantasías y acciones, relegando a la consciencia a un segundo plano.

Para Jung, la mente “consciente” (El Yo) se caracteriza sobre todo por ser algo cerrada, sólo puede contener ciertos contenidos simultáneos en un momento dado, y coloca el Inconsciente Personal (Que sería el inconsciente freudiano, pero sin los instintos) en un sustrato más amplio. Luego añadía otro sustrato que denominó Inconsciente Colectivo, un sustrato que no es personal ni adquirido, sino innato, en donde existen unos patrones de comportamiento, los arquetipos, que son comunes, aunque con ciertos matices, a la totalidad de seres humanos. Constituye una especie de “herencia psíquica” que sería un fundamento anímico en todo ser humano.

También hay corrientes de pensamiento de concepción panteísta que consideran la existencia de un mismo flujo de consciencia, el de la Consciencia Cósmica, que sería el mismo en todos los seres humanos y por el cuál estamos todos interconectados. Este concepto también daría crédito a la teoría del Inconsciente Colectivo de Jung, aunque lo supera y lo trasciende.

Así, podría ser la Consciencia un atributo del G.·.A.·.D.·.U.·., una manifestación o una exteriorización para reconocerse y afirmarse a través de y por los seres vivos que ha creado, llegando a ser consciente de sí mismo. ¿Es ese el motivo de la existencia de la materia, del mundo y de nosotros mismos?¿O como esgrimen algunos pensadores, filósofos y expertos cabalistas, que el G.·.A.·.D.·.U.·., como ser perfecto que encarna la Bondad Absoluta, requiere del conocimiento del Mal (La materia) para conocerse mejor a sí mismo y perfeccionarse?

Por otro lado, no debemos olvidar que no percibimos los objetos tal como son sino con nuestras facultades objetivas (Vista, oído, etc.) lo detectan y como nuestras facultades subjetivas (memoria, raciocinio, cultura, creencias, experiencias) lo interpretan finalmente. Así, lo que percibe nuestra consciencia no tiene porqué ser la realidad o, dicho de otra manera, no podemos saber por medio de nuestras facultades sensoriales lo que verdaderamente es en esencia un objeto, aunque se presente a nuestra consciencia de un modo concreto y tangible.

Por ello, siempre se dice que es conveniente revisar no sólo nuestras creencias sino toda aquella fenomenología que damos por cierta. No se trata de caer en un escepticismo enfermizo y paralizante, sino en adoptar la sana y sabia postura de ser prudente, contrastando y comprobando antes de llegar a una conclusión.

Después de escuchar todas estas visiones y puntos de vista sobre la Consciencia, volvemos al punto de partida. ¿Qué es la Consciencia? Aparte de las definiciones iniciales, en el Ritual de Grado 4º se indica que es la capacidad intuitiva, sujeta a desarrollo y perfección por medio del raciocinio y la experiencia que posee el ser humano, de conocer el Bien que debe hacer y el Mal que debe evitar, y que en colaboración armoniosa con la Inteligencia nos permita perfeccionarnos para provecho propio y de nuestros semejantes.

No nos olvidemos tampoco que nuestra consciencia es la que nos proporciona la visión que tenemos del mundo y de nosotros mismos. El ser humano es lo que piensa. De ahí la importancia de poder controlarla. ¿Cómo? Primero sería examinar sus contenidos, nuestras acciones y nuestros pensamientos, lo que ya supone una ardua labor. Para ello, los diferentes estados de meditación nos pueden ser muy útiles o la aplicación de un componente crítico de carácter constructivo.

Luego tendremos que decidir qué queremos cambiar según nuestro criterio ético-moral, y la escala de valores.

Finalmente, se trata de transformar, modificar, transmutar, aquéllo que rechazamos por lo que realmente queremos, mediante una de las herramientas más poderosas que existen : La visualización. Cuando ésta se realiza colocando todos los elementos para que lo que queramos que suceda se convierta en una experiencia lo más real posible, sintiendo cómo se produce y confiando plenamente en que se producirá, entonces aquéllo que hemos puesto en el plano mental se plasmará en el plano material.

Como dice la frase atribuída a Paracelso : “El pensamiento es maestro; la imaginación, la herramienta; el cuerpo, la materia plástica”.

Recuerdo que en una entrevista en un periódico, el entrevistado se despidió con esta frase : “Más que real, todo nuestro mundo es cerebral” ¿No nos recuerda a Hermes Trismegisto cuando afirmaba “El Universo es Mental”? El entrevistado no era un místico, ni un hermetista…Era el neurobiólogo Francisco J. Rubia. Y es que la Ciencia, lo místico, lo espiritual, pueden ir de la mano cuando detrás existe el firme propósito de buscar la Verdad con honestidad. Como dijo Einstein : Lo místico es la fuente de toda ciencia verdadera”.

Comprendo que este trabajo genera muchas más preguntas que respuestas, pero espero que al menos nos haya ayudado a abrir el camino para seguir indagando y así, quizá algún día, todos juntos las podamos encontrar.


 


Revista Digital del Supremo Consejo del Grado 33 y último del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para España
Director: Galo Sanchez; Editor: Jesús Soriano; Consejo de Redacción: Nicolas Arcas, José Luis Lacasa, Alvaro Rodriguez
Angel Fuentes, Jaime García-Herranz, Rafael Ruiz Martos, Miguel Angel Paredes


Edita: Gran Comisión de Publicaciones. Administración: Supremo Consejo del Grado 33 y último del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para España. Apartado de correos:
51.562 28080 Madrid España e-mail: zenit@scg33esp.org

Zenit es una publicación plural y abierta que no comparte necesariamente las opiniones expresadas por sus colaboradores. Su contenido podrá ser difundido y reproducido siempre que se cite su procedencia.