Número 20

 
Año 6008 (v.·. l.·.)
 
Revista Digital del Supremo Consejo del Grado 33 y último del R\E\A\A\ para España

Calor de Justicia, Luz de Verdad

Rafael F. de Monserrat, 28º


Para poder comprender, y aprehender, el concepto de Justicia permitidme hh:. que, a modo de introducción, os sitúe primeramente en un plano utópico e ideal entre la Filosofía y el Simbolismo; en un plano donde todo lo que en el existe, o mas bien, todo lo que en el se plantea, por naturaleza, es puro e inmutable, y llamémosle el plano Arquetípico . Ya que para intentar explicar, o simplemente teorizar y abstraer algunos conceptos, complejos y completos en sí mismos, es necesario entrar en este plano para no perder el norte con otro tipo de conceptos, que aunque complejos, quedan matizados por una mutabilidad forzada por la subjetividad de lo material.

Seguidamente permitidme también advertiros que lo que a continuación vais a pasar por vuestras miradas, no son más que abstracciones y recodos de un periplo mental que, la más de las veces, se aleja de la verdad lo suficiente como para poder ser interpretado, matizado, discutido, rebatido y desechado por quien quiera y así apetezca, por lo que os pido humildemente perdón por anticipado si caigo en un discurso farragoso y artificial (sobre todo por la gran cantidad de comillas que voy a tener que poner).

Como término que hemos convenido que es arquetipo, hay que convenir también que su existencia en el plano humano es imposible o inoperante o inefectiva, desde un punto de vista material, ya que éste plano es corruptible, y se corrompe, y sin embargo un concepto arquetipo, como tal, es siempre puro y prístino. Como segundo punto a aceptar es la necesidad de haber aprehendido y comprendido otros dos de estos misteriosos conceptos que, como fuertes y firmes columnas, le sostienen: Verdad y Ley .

En este triunvirato conceptual, segundo en el escalafón simbólico del buscador consciente, como en el anterior y en el que le sigue, los elementos que los forman pueden intercambiar sus respectivas posiciones simbólicas, siendo cada uno de ellos a la vez frontispicio, columna o base. Me explico: La Justicia se sostiene sobre los conceptos de Verdad y Ley; la Verdad sobre los de Ley y Justicia; y la Ley sobre los de Justicia y Verdad.

El que este tipo de conceptos sean inaprensibles para el ser humano en su plano fenomenológico existencial, o sea material, no debe jamás inducirle al abandono ético/moral, ni al relativismo filosófico, verdaderas Escila y Caribdis del recorrido iniciático individual. El plano Arquetípico es nuestro origen y nuestro fin, y, dentro de los parámetros de libre albedrío, al cual podemos llegar, o acercarnos, según sea nuestro trabajo interno, nos polariza, guiándonos hacia la perfectibilidad, máxima virtud que puede llegar a poseer el ser humano, significando esta última, no que sea posible la perfección, sino que se trabaja conscientemente en pos de ella.

Tomando a la Justicia como “frontispicio”, si aceptáis que continúe con esta imagen, tiene una base de la cual se nutre, y de un conducto a través del cual necesariamente se manifiesta, es decir, de un trayecto ascendente y otro descendente, femenino uno, masculino el otro. Así pues su fuente, camino ascendente y femenino, es la Verdad, y a ella debe su fuerza y su razón de ser el perfecto masón, pues se nos insta desde el principio a su búsqueda y defensa. La Verdad debe iluminar nuestro camino y servirnos de brújula, no solo para optar a la Libertad, sino también para ser justos.

La Justicia se manifiesta a través de la Ley, trayecto descendente-masculino, la cual regula las acciones a seguir, derivadas de la ponderación justa de la Verdad. Así, de esta manera, validamos nuestra Verdad, en Justicia y con la Ley de nuestro lado. El masón, a través del estudio de sus Ritos, adquiere el conocimiento de la Ley y, si persiste en la búsqueda de la Verdad, y en su defensa, de ello devendrán naturalmente actos justos.

Cuando, como ahora, nos acercamos intelectualmente al concepto de Justicia, y en virtud de lo dicho respecto a la Verdad y la Ley, nos salen al paso algunos otros conceptos también necesarios para su comprensión.

El hombre, si quiere llegar a ser justo, deberá conocer íntimamente aquél código, o aquellos códigos, que necesariamente lo atan al hecho concreto, al preciso movimiento, o a la determinada obra, que quiere juzgar. Estos códigos de Deber, que comienzan como base con las limitaciones propias que la Naturaleza impone a sus criaturas (Generales), que crecen con aquellas específicas de la especie (Especiales) y se manifiestan en las particulares de cada ser como individuo, estos códigos primarios, como digo, son posteriormente alimentados y mantenidos con aquellos característicos de las idiosincrasias de una cultura, de un modelo social y de un tiempo histórico concretos.

Es esencial que el hombre mantenga y refuerce estos Códigos de Deber libres de todo dogma y sofisma, al fin y al cabo los últimos límites (a veces los únicos) que el hombre no tiene más remedio que aceptar, son los naturales, y todos los demás son añadidos a su persona, y a su conducta, como supuestos beneficios, y/o beneficiarios, de su superior statu en la escala evolutiva de las diferentes especies que conviven con él en el planeta.

Paralelamente el hombre necesita ver compensado su esfuerzo en la tarea de esa manutención y defensa de los dichos Códigos, de sus deberes. Y esta recompensa se manifiesta a través de la adquisición de Derechos que, como en el caso del Deber, comienzan básicamente por aquellos inherentes por natura (Generales / Especiales / Particulares), seguidos luego por aquellos logros que se adquieren como beneficios de mantener los Códigos sociales y culturales.

Todo ello ha de quedar registrado en un cuerpo, o estructura, intelectual al que llamamos Ética y Moral y cuya relación con el triángulo Justicia-Verdad-Ley es evidente y muy necesaria, quedando aquí abierta a una posible futura discusión en este foro la disquisición sobre cual queda subordinado a cual, si el “corpus” ético-moral al triángulo o viceversa.

Así pues tenemos por un lado, adjuntos al concepto de Justicia, los de Verdad y Ley, y así mismo, conectados de manera sutil e inextricable los de Ética-Moral, Deber-Derecho.....

La Justicia, como pináculo de una pirámide de estructura racional e intelectual, entronca con todos y cada uno de los puntos clave de la Filosofía y de la Naturaleza humanas, tocando, por esta razón, con tela de araña, los mismísimos valores consubstanciales del individuo. Y la lucha por su implantación, tanto en la sociedad humana, como en las bases racionales del individuo, junto a la búsqueda de la Verdad y la defensa de la Ley, es el más alto objetivo que el ser humano puede, y debe, fijarse, pues lo poco que un solo individuo consiga en esta triple tarea, beneficia, no sólo a sí mismo, sino a toda la Humanidad.

Desde la lectura interior y el uso práctico de la filosofía del Grado 28º, hay que añadir que representa simbólicamente la Luz y el Calor de este arquetipo que tratamos y llamamos Justicia. Dice un famoso adepto que los cuerpos materiales desprenden de sí lo que de similar guardan con los cuerpos que con ellos interactúan: si la Luz, al incidir sobre un cuerpo, descubre luz en el, éste se vuelve luminoso; si halla calor, se calienta.... Así mismo el color que desprende un cuerpo no deja de ser una vibración “sobrante” en frecuencia afín a la parte de si mismos en que coincide con la Luz que le toca.

Todo, pues, ha de girar, en este cosmos material, en la inefable búsqueda iniciática de la Justicia, y por lo tanto de la Verdad. La Justicia como equilibrio: de fuerzas, de energías, de conceptos,....La Verdad como contraste refutatorio de la duda existencial. Todo afán de Transcendencia ha de cumplir estos cánones: La Luz de la Verdad, el Calor de la Justicia.

El retorno a la Fuente Primordial (el Edén), regreso a la Edad de Oro de lo Humano, es el impulso primigenio del espíritu del Hombre; esto representa a la Verdad del Origen.

A la vez, el anhelo de progresar, crecer, dejar de ser “infantes” y convertirnos en el “hombre” que debemos ser, es el atractor final de ese mismo espíritu; y esto representa la Justicia del acto creativo.: la Vida.

Dentro del ámbito de la Orden, el Masón debe preocuparse de que el camino que se traza a sí mismo es justo y se ciñe a la Verdad, sin que esto le haga cometer la solapada injusticia de involucrar a otros Hh:. en su personal e intransferible trayectoria, y sin embargo vigilar, dulcemente, que la Ley Masónica se cumpla siempre, aplicándola cual escuadra a los actos individuales y conjuntos de todos los Hh:..

La actuación, de pensamiento y obra, ponderada y justa, debe adornar al masón en todos sus actos, dentro y, con mayor rigor si cabe, fuera de la Orden. Y subrayo con mayor rigor fuera de la Institución, porque dentro se encontrara siempre con Hh:. que, en mayor o menor medida, con más o menos fuerza, pero fehacientemente, buscan la Verdad obrando con Justicia. Pero en el mundo profano, la Ley se convierte en legalismo, la Verdad en oropel mercantil y la Justicia, casi siempre, brilla por su ausencia. Es ahí donde debemos manifestar nuestra mayor incidencia, donde debemos, ineludiblemente, forjar nuestro carácter, pues es sin duda el mundo profano el yunque donde, a fuerza de golpes y bajo el fuego, el masón pule y da lustre y fortaleza a su perfectibilidad; donde, con la Orden como Oriflama, lucha y da a conocer los atributos que la adornan, y le adornan, para beneficio de la Humanidad.


 


Revista Digital del Supremo Consejo del Grado 33 y último del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para España
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