Número 20

 
Año 6008 (v.·. l.·.)
 
Revista Digital del Supremo Consejo del Grado 33 y último del R\E\A\A\ para España

La Transcendencia

José Luís Lacasa , 33 º


Trascendencia según el RAE, en una de sus acepciones, es lo que traspasa los límites de la ciencia experimental.

Aprovechando este acto, en memoria de nuestros hermanos y seres queridos que ya no están con nosotros, que han fallecido, voy a intentar exponer, en este trabajo, nuestro pensamiento sobre la espiritualidad del hombre y la trascendencia del mismo más allá de la muerte.

El hombre está dotado de razón, es vida consciente de sí mismo; tiene conciencia de sí mismo de sus semejantes, de su pasado y de sus posibilidades de futuro. Esa consciencia de sí mismo, como una entidad separada, la conciencia de su breve lapso de vida, del hecho de que nace sin que intervenga su voluntad y de que ha de morir contra su voluntad, de que morirá antes que los que ama, o estos antes que él , genera una enorme angustia , lo que Erich Fromm llama “separatidad” .

El hombre de todas las culturas y de todos los tiempos, se enfrenta a superar el problema que siempre es el mismo; el problema de superar la “separatidad”, como lograr “la unión”, como trascender la propia vida individual y encontrar compensación.

La crónica de esta búsqueda y de las distintas soluciones que el hombre ha encontrado de su evolución es La Historia de la Humanidad y de sus Religiones.

El hombre en su eterna búsqueda para superar esta soledad, que genera una angustia insoportable y que le impide la realización plena de su ser, comprende que por el Camino de la Ciencia, de lo que con su razón puede analizar con lo que sus ojos pueden ver y comprender, no hay solución. La solución, y siempre es así a lo largo de la Historia, está en lo que Francisco Espinar llama “más allá de la Ciencia”, en la Trascendencia .

Planteado el problema vamos a exponer como, según mi humilde criterio, la Masonería afronta este problema crucial del ser humano, y esta explicación nace de la propia esencia de la naturaleza de la Orden Masónica, por lo menos de la Masonería en la que yo creo.

La naturaleza y los objetos de estudio de la Orden masónica no constituyen elementos del mundo natural, es decir, del mundo empírico o de las cosas materiales, no al menos en la tradición esotérica del pensamiento masónico. La experiencia masónica ” no es una experiencia posible de explicar desde la perspectiva del positivismo, ya que no se trata de una vivencia que ande en búsqueda de las contrastaciones entre “teoría” y “realidad”, entre sujeto y objeto, sino de una vivencia que tiene que ver con la vida interior del hombre, esto es, con la maestría espiritual. El interés de la filosofía masónica trasciende el mundo material, es decir, el mundo sensible, y se ubica en los objetos del mundo “ sobrenatural, mundo en el que habitan conceptos como la idea de Dios, la fe, el espíritu, el alma y su inmortalidad, la trascendencia del Ser y la muerte, entre otros. El que estos entes se alojen en el mundo sobrenatural, no significa que sean irreales, ficticios o fantásticos, ya que el mundo sobrenatural es tan real, que existe, aunque sus residentes no sean ciertamente asequibles a la comprobación empírica, según los dictados del positivismo.

La Masonería es una Orden de carácter iniciático. En efecto, la Orden admite a sus miembros a través de una ceremonia que evoca las que celebraban en la antigüedad los practicantes de los Grandes Misterios; ceremonias cuyo propósito era llevar el proceso de evolución del espíritu y del alma humanas para arribar a las grandes revelaciones del mundo superior y oculto, desvelamientos y manifestaciones que los masones conocemos como el “Real Secreto”. El camino hacia el conocimiento de este Real Secreto es iniciático por naturaleza, no es empírico porque su esencia no pertenece al mundo de las cosas materiales, sino al reino del espíritu.

Esta ceremonia de iniciación no es un protocolo social de acceso a una sociedad, no se trata de un protocolo que concluya con una inscripción y con una credencial que califica a quien la posee como “ miembro.

Todo masón trabaja a la Gloria del G\ A\ D\ U\ que es invocado al comienzo y al final de los trabajos en todos los grados y la creencia en el Ser Supremo es norma elemental en la masonería y establecida en los Landmarks que son Ley Fundamental en la Orden. Esta creencia es hasta tal punto primordial en el edificio iniciático y esencial e indiscutible para el masón que, quien no la admita, pasa a ser considerado irregular.

La palabra Iniciación procede de la latina “ initiare, de initium, “ inicio o comienzo ” y se deriva de la voz “ in ” , dentro o “ ire ” , ir, esto es: ir dentro o penetrar al interior y comenzar un nuevo estado de cosas. De la etimología de la palabra se desprende que el significado de la Iniciación es el ingreso al mundo interno para comenzar una nueva vida ” .

El objetivo de todo proceso iniciático es transformar al hombre inferior en uno superior. De una u otra manera todos los ritos iniciáticos llevan implícita una muerte simbólica. Es necesario morir para renacer “en otra realidad”, para pasar del plano actual a otro “trascendente”, porque iniciarse es “despertarse”, salir del sueño, morir, para abrirlos a “otra luz”. Para nacer a otra dimensión espiritual .

La iniciación es el primer paso en un proceso ideal de transmutación, de cambio de la materia hacia el espíritu. Al iniciado se le enseña la Senda, el Camino, y solo él en solitario puede recorrerla. Para lograr el objetivo, si es que es alcanzable, hace falta lo que algunos han denominado alquimia. Al menos en el sentido de trasmutación del ser humano, del ser humano que conocemos a un ser trascendente. Un trabajo interior que convierte lo pesado y denso en sutil y luminoso.

Igual que Jacob soñó con la escala emplazada en “ese lugar terrible” y, a medida que ascendía visualmente, comprendía que tras un peldaño venia otro y otro y así hasta el Cielo, o sea, el infinito, pues a él le fue dado ver el futuro de una forma alegórica. De esta manera podemos interpretar la Senda que el hombre debe seguir en busca de la Luz, sin ver nada más que el peldaño siguiente y sin saber cuántos nos restan para el final.

Si establecemos que todo lo creado es la obra suprema del Gran Arquitecto del Universo, que hubo de partir del caos para llegar al orden., podemos tomar el cosmos como un símbolo vivo, y la iniciación masónica como una identificación simbólica con el acto creador de Dios, o mejor aun con el mismo Dios.

Entre Dios y el hombre hay un abismo infinito; porque el hombre ha sido creado de tal manera que sus ojos solo pueden ver lo que no es Dios, y Dios es, el esencialmente invisible para los hombres, el que cae y siempre caerá fuera del campo de visión humano.

El hombre no identifica su mundo solo con lo que puede oír, ver y comprender, sino que busca otra forma de acceso a la realidad, a la que algunos llaman fe, y en la que encuentra el punto de arranque decisivo para la concepción del mundo.

El hombre tiende, por inercia natural, a lo visible, a lo que puede coger con la mano, a lo que puede comprender como propio. Ha de cambiar por dentro para ver como descuida su verdadero ser cuando se deja llevar por esa inercia natural. Sin ese cambio de la existencia, sin superar esa inercia natural, no es posible la fe. La fe es la conversión que hace ver al hombre que persigue una ilusión cuando se queda exclusivamente en lo visible .

Si bien es cierto que el argumento positivista es válido, y aún necesario en el mundo de la academia y de la ciencia, en cambio en el ámbito de lo masónico no solamente es inapropiado, sino que no tiene cabida, si por supuesto aceptamos que la naturaleza de la Orden no se instala en el contorno de lo material y empírico, sino en el de lo espiritual e interno. No es pues el mundo exterior lo que interesa a la Orden, sino justamente el mundo interior, ese universo en el cual se entra a través de la Iniciación.

Por tanto, la francmasonería es necesariamente deísta, sin vincularse a ninguna religión que se considere como revelada. Pero no puede admitir ni el ateísmo ni el materialismo. La existencia de Dios y la Inmortalidad del alma deben seguir siendo los elementos básicos de la iniciación masónica .

Así en los “INSTITUTAS DE LA CONFEDERACIÓN MASÓNICA DEL RITO ESCOCÉS ANTIGUO Y ACEPTADO” EN EL Titulo I. Principios y fines de la masonería, determina:

Art. 1º.- La Francmasonería Escocesa proclama ahora, como desde su origen ha proclamado siempre, la existencia de un principio creador, al que rinde culto bajo el nombre de Grande Arquitecto del Universo.

La Masonería y muy especialmente el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, al cual pertenecemos nosotros, proclama y rinde culto al Gran Arquitecto del Universo que no deja de ser otra manera de llamar a Dios. Pero un Dios Universal e independiente de cualquier Religión revelada, aunque cada persona pueda rendirle culto según sus preferencias. Pero lo que es indudable es que la Orden es Deísta.

La trascendencia humana está indisolublemente unida a la creencia en un Dios Creador, un concepto lleva al otro irremediablemente

Si el REAA cree en Dios, cree necesariamente en la inmortalidad puesto que las ideas de “Dios”, “Cielo” e “Inmortalidad” vienen a expresar lo mismo aunque con diferentes matices. En el politeísmo se distinguía entre homos (mortales) y dioses (inmortales). “Tierra” y “Cielo” es lo mortal y lo inmortal. Dios no solo está en el Cielo, sino que es el Cielo. Lo inmortal es una condición pero cuando se actualiza es un estado. El estado de inmortalidad es aquel en el que ya no se puede morir. Equivale al estado de vida eterna. La inmortalidad es la eternidad aplicada a la vida .

Aceptados los conceptos de “Dios” e “inmortalidad” y por tanto de la “Trascendencia” ya no profundizamos más. Dejando que cada individuo según sus creencias, sus deseos y sus necesidades encuentre su propio camino.

Nuestro I. y P. H. Pasado S.G. C. Francisco Espinar Lafuente, hoy ya en el Oriente Eterno, tras una fructífera vida al servicio de la Filosofía, la Ciencia y la Masonería llega en su libro postrero “Mas allá de la ciencia” a encontrar soluciones que están más allá de la ciencia y el racionalismo, llega a lo que él llama “lo trascendente” , llega a lo que yo llamo la “Sabiduría”.

Recordándole a él y con él a todos los miembros del Supremo Consejo del Grado 33 y ultimo del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para España que han pasado al “Oriente Eterno” honramos su memoria y renovamos fuerzas para poder seguir su ejemplo con dignidad, por nuestro bien y el de la Humanidad.

Bibliografía

El arte de amar. Erich Fromm1994.

Los trabajos y los días de los obreros. R.L.S Fraternidad Universal nº5.2006.

Introducción al cristianismo. Joseph Ratzinger.1968.

El secreto masónico. Robert Amberlain-1987.

Más allá de la ciencia. Francisco Espinar Lafuente, pg 227. Ed.2005.

 


 


Revista Digital del Supremo Consejo del Grado 33 y último del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para España
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